El sesgo del superviviente

“The cemetery of failed restaurants is very silent.”

Nassim Nicholas Taleb

¿Cuántas veces estás en una conversación informal entre amigos y alguien dice aquello de “yo lo que quiero es dejar lo que hago actualmente y montar un bar”? Tu amigo no se refiere por supuesto al bar de la esquina sino a un magnífico chiringuito en un remoto lugar del Caribe o un apetecible cocktail-bar en el que servir Martinis “mezclados, no agitados”.

Casos extremos aparte, es cierto que la hostelería (sea una franquicia o un negocio propio) parece ser una de las actividades que más atraen a aquellas personas que se encuentran con cierto capital tras una jugosa indemnización, una herencia o cualquier situación en el que sus activos hayan aumentado considerablemente en un corto periodo de tiempo. Este fenómeno me llama poderosamente la atención en tanto en cuanto son negocios terriblemente complejos de gestionar en los que intervienen productos perecederos, manipulaciones alimentarias, normativas muy estrictas, puntas de trabajo que dificultan dimensionar la plantilla, estacionalidad, modas,…

Lo que ocurre a estos valientes aprendices de hosteleros es que están viéndose afectados por el “sesgo del superviviente” (survivorship bias). Es el sesgo cognitivo mediante el cual nuestra visión del Mundo se ve alterada de forma que vemos el éxito y no el fracaso, las aventuras empresariales que llegan a buen puerto y no las que han acabado en quiebra. Nunca prestamos atención a la cantidad de bares que han cerrado en nuestro barrio, sino a aquel que está siempre de moda, por lo que asumimos que las posibilidades de éxito de este tipo de negocios son mucho más altas que las que demuestra su alta tasa de mortalidad.

Durante la Segunda Guerra Mundial los mandos de las Fuerzas Aéreas Británicas estaban preocupados por la gran cantidad de bajas que experimentaban sus bombarderos al sobrevolar territorio enemigo. Atacados desde el aire y desde tierra, su capacidad de maniobra limitada les hacía muy vulnerables. Tratando de perfeccionar el blindaje de los aviones, los militares pidieron la ayuda a un matemático de origen húngaro llamado Abraham Wald. La intuición indicaba que los bombarderos deberían ser protegidos en aquellas partes del fuselaje donde se concentraba una mayor cantidad de daños. Sin embargo Wald entendió rápidamente que estaban siendo víctimas del sesgo del superviviente ya que si un avión era capaz de volar de vuelta a Inglaterra con semejante cantidad de daños, era precisamente en esos lugares donde no había que protegerlo. En este caso no había que observar a los bombarderos que habían sobrevivido sino a los que no habían conseguido regresar. Por este motivo y a partir de ese momento, los refuerzos en las aeronaves se concentraron precisamente en aquellos lugares donde los aviones que regresaban a casa no habían sufrido ningún daño.

Los casos de éxito ó best-practices resultan muy entretenidos para las clases en escuelas de negocio, pero no nos ofrecen tantas pistas sobre lo que es necesario para tener éxito como los negocios fallidos. A “toro pasado” todos sabemos explicar las causas de un éxito, pero ¿y si se trata del fruto del azar o de una serie de encadenadas casualidades?. Recomiendo hacer “post-mortem” al menos tan frecuentemente como analizamos esas historias empresariales de éxito, porque en esto, como en tantas cosas, a veces se aprende más de los fallos que de los aciertos.

Y por favor, si quieres arrancar con un negocio prométeme que no es un bar. Si al final lo haces y tienes éxito a lo mejor me toca pagar la primera ronda…

 

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Algunos links interesantes si quieres seguir explorando este asunto:

14 pensamientos en “El sesgo del superviviente

  1. Estoy completamente de acuerdo, lo que sucede es que a nadie, ni siquiera o menos aún a los que los han sufrido, nos gusta recordar fracasos o errores.
    En esta línea están las conocidas citas: “La victoria tiene cien padres, la derrota es huérfana” (Napoleón) o “Vae victis” (Breno, jefe galo)
    Una técnica que suelo utilizar en talleres para sacar conclusiones positivas de las “worst practices” consiste en hacer un brain storming (muy rápido ¿alguien ha visto un rayo lento?), identificando y haciendo una lista primero de todo lo que no fué bien en aquel sonoro fracaso y, segundo, las posibles razones, causas o inductores de que no fuera bien
    Generalmente, dando la vuelta simétricamente a la segunda lista (las razones o causas del fracaso) aparece otra lista de lo que sí conviene hacer bien en casos como éste
    De esta forma, se le da una forma positiva a algo que preferiríamos olvidar, aprendiendo en el proceso
    Suelo utilizar para iniciar el trabajo, a modo de caso de estudio, alguno de mis más sonoros fracasos, en un ámbito parecido al que estamos tratando
    Tiene otra ventaja esta fórmula: todo el mundo recuerda las lecciones aprendidas en el proceso, pues nos encanta aprender de los fracasos, siempre que sean de otros….

  2. Gracias por tu comentario Rafael. Otra herramienta interesante para explorar es el ejercicio de “pre-mortem”. Una vez diseñado un proyecto, un modelo de negocio, un lanzamiento de un producto,… y antes de ejecutarlo, el equipo simula el fallo del mismo y saca conclusiones acerca de por qué ha fallado.

    http://hbr.org/2007/09/performing-a-project-premortem

    Con esta aproximación de descubren los flancos débiles del proyecto y se facilita el expresar la opinión libremente sin ser calificado de “agorero” (porque todos tienen que pensar como si hubiera fallado).

  3. Pingback: El poder de las preguntas | marketingstorming

  4. Pingback: Un letal golpe de suerte | marketingstorming

  5. Pingback: Anónimo

  6. Facilito referencia a un desarrollo bastante completo de la historia de Abraham Wald:

    View story at Medium.com

    Quien quiera descargarse sus estudios estadísticos al respecto, dispone de una versión en este enlace:

    http://www4.ncsu.edu/~swu6/documents/A_Reprint_Plane_Vulnerability.pdf

    Lo cierto es que aunque su origen se remonta a hace más de medio siglo, sus enseñanzas llegan hasta nuestros días y son aplicadas en el diseño de productos con frecuencia. Como ejemplo incluyo esta referencia sobre cómo los equipos de diseño de Facebook tienen en cuenta este “sesgo del superviviente” a la hora de interpretar la ingente cantidad de información de que disponen sobre sus usuarios:

    https://www.fastcodesign.com/1671172/how-a-story-from-world-war-ii-shapes-facebook-today

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