¿Y si dejamos el remo y empezamos a navegar a vela?

“Twenty years from now you will be more disappointed by the things that you didn’t do than by the ones you did do. So throw off the bowlines. Sail away from the safe harbor. Catch the trade winds in your sails. Explore. Dream. Discover.”

Mark Twain

INTENSIDAD, DIRECCIÓN Y SENTIDO

Recuerdo como si fuera ayer, las clases de Mecánica en la Escuela de Industriales de Madrid. Aquel año, lo pasamos prácticamente entero analizando vectores. Un vector es un ente matemático que se representa mediante un segmento de recta, orientado dentro del espacio euclidiano tridimensional. El vector tiene 3 elementos: módulo (intensidad de la magnitud que representa), dirección y sentido. Se utiliza para representar por ejemplo fuerzas o velocidades.

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Hoy me venían a la cabeza estos recuerdos, observando una embarcación de remo en el Lago de la Casa de Campo de Madrid. En ella, 8 remeros impulsaban hacia delante el bote, mientras que un timonel observaba en la popa y emitía sonoras indicaciones.

Mi amigo Martín, nacido en San Sebastián y gran aficionado al remo, me dice que no me confunda, que “el timonel también rema, pero a su manera”. Yo diría que el esfuerzo de los 8 a proa, no era el mismo en aquel con expresión relajada a popa (pero te animo, querido lector, a que lo judgues por ti mismo en la foto) 😉

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Las embarcaciones de remo tienen una eslora (longitud) descomunal con respecto a su manga (anchura). Eso les permite alcanzar grandes velocidades, pero dificulta mucho su maniobrabilidad. Es un tipo de bote muy eficiente en navegación en línea recta, pero muy complicado a la hora de modificar el rumbo (no ya solo por su dimensión longitudinal, sino por el hecho de tener que coordinar el esfuerzo de remo).

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El origen de la navegación a remo es incierto, pero ya en el antiguo Egipto y en el imperio Griego se utilizaban estas embarcaciones. Prácticamente en paralelo, se desarrolló la navegación a vela. Inicialmente muy precaria (sus velas cuadradas dificultaban la ceñida contra el viento), pronto avanzó gracias al desarrollo de la vela triangular o “vela latina”, que permitía aproximarse en un ángulo cercano a los 45º con respecto al viento.

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¿HEMOS PERDIDO UNA OPORTUNIDAD ÚNICA?

Creo que uno de los aspectos más dañinos de la pandemia de Covid en las organizaciones, es que nos ha convertido en embarcaciones de remo. Llevamos más de año y medio remando con una intensidad nunca vista. Las circunstancias de la pandemia, las restricciones, o las instrucciones de las cúpulas directivas, han fijado la dirección y el sentido del vector, y el único parámetro sobre el que los empleados actúan es el “módulo” (intensidad del trabajo). Los equipos caen en el peligro de llegar de forma muy eficiente y lineal a un destino perfectamente inútil, habiendo perdido la ocasión de explorar muchas otras oportunidades por el camino.

Probablemente en el momento histórico en el que las organizaciones necesitábamos mayor capacidad para maniobrar (“pivotar” en términos de negocio), las restricciones externas e internas han sido mayores que nunca. Entre las externas destacaría las prohibiciones, la regulación y la falta de acuerdos en las industrias. Entre las internas, la congelación de las iniciativas, la contención del gasto y el miedo.

Teníamos que habernos puesto a navegar a vela, y sin embargo el mundo de la política y la empresa se abrazó al remo.

TODO GRAN SUPER-PODER, CONLLEVA UNA GRAN RESPONSABILIDAD

La aparente libertad de navegar a vela es sin embargo muy exigente. La facilidad de poder modificar el rumbo conlleva la responsabilidad de tomar la decisión acertada. Al haber descargado la potencia motora en la intensidad del viento, todo el esfuerzo cognitivo se centra en interpretar el estado del mar, elaborar una serie de hipótesis y trazar e ir corrigiendo rumbos para poder maximizar la propulsión a partir de las condiciones del viento.

Una vez eliminada la “linealidad” del remo, la navegación a vela permite jugar en todas las dimensiones del plano.

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Ya no es cuestión de ejecutar “hojas de ruta” ajenas, ya que no hay timonel que marque la dirección del bote, sino que existe la responsabilidad individual de dirigir la embarcación. El impulso de la embarcación ya no es directamente proporcional a la fuerza con la que rememos, sino que dependerá de lo buenas o malas que sean nuestras decisiones en el campo de regatas a la hora de aprovechar el viento.

¿Y AHORA QUÉ?

A medida que avanza la vacunación y ahora que el Banco Mundial anuncia un crecimiento global de la economía del 4% en 2021 y que poco todas las industrias muestras indicadores positivos, creo que hay asuntos que estamos cerrando en falso, y que antes o después nos volverán como un boomerang de nuevo:

·      El viejo estilo de gestión de “ordeno y mando” podía haber dado paso a otra forma de relacionarnos en las organizaciones, y sin embargo sospecho que hemos perdido una oportunidad histórica. Nos atascamos en pequeños debates estériles sobre si hay que volver o no a la oficina, y no nos hacemos planteamientos más profundos sobre el modelo de trabajo, la responsabilidad y la confianza.

·      El tradicional enfoque del alineamiento alrededor de una única visión corporativa, probablemente ya no sea válido en un mundo en el que no podemos elegir como empresa el apostar por una sola palanca de cambio, sino que debemos de ser capaces de tener un discurso en un amplio abanico de dimensiones del plano (producto/servicio, modelos de negocio, modelo de relación con clientes, estrategia de sostenibilidad, hoja de ruta en tecnología, ecosistema e innovación abierta,…).

¿POR QUÉ ENSEÑO NAVEGACIÓN A MIS HIJOS?

Ningún hito relevante en la vida es lineal, ningún modelo de gestión moderno se debería asemejar a una trainera y ningún favor hacemos a nuestros hijos si no les entrenamos en el manejo de situaciones complejas en las que ellos son los que deben de orientar las velas.

A los niños les apasionan las historias, y estos días les recordaba que hace ahora 500 años 239 hombres circunnavegaban a vela por primera vez el mundo conocido, capitaneados primero por Fernando de Magallanes, y posteriormente por Juan Sebastián Elcano. Dicha expedición confirmaba la esfericidad de nuestro planeta, y sentaba las bases para un mundo absolutamente globalizado. Lejos de ser un viaje lineal, aquella navegación a vela constituyó probablemente una de las gestas más complejas de la historia de la humanidad.

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Transmitirles ese interés por la navegación, por abrazar la brújula y abandonar el mapa, es uno de los objetivos de cada verano en nuestra particular incursión en la Bahía de Jávea. Una vez acabado el colegio, el aula deja paso al mar.

Porque el Covid acabará, pero llegarán otros retos mayores para ellos. Y en ese punto, espero que desplieguen la mayor, y cacen el foque, y se acuerden de lo que con más o menos fortuna les trataba de transmitir su padre navegando en un pequeño velero.

Una respuesta para “¿Y si dejamos el remo y empezamos a navegar a vela?”

  1. Muy buena reflexion Alberto. Efectivamente hay muchas cosas en las que repensar, para poder accionar mucho mas rápido, como vemos que es necesario.
    Volviendo a tu analogía con los vectores, estoy convencido que como empleados todos hemos hecho esfuerzos muy grandes, maximizando el valor del modulo de ese vector. El problema es que el punto de aplicación, puede que no haya sido el correcto. Transformarse, innovar no consiste en poner nuevos sistemas corporativos y escribir una nota de prensa. Consiste en repensar en lo fundamental, qué queremos hacer, como lo vamos hacer (vision, estrategia, modelo de negocio, palancas de cambio, canales,..). No son pocas las organizaciones que están recorriendo ese camino y otras tantas que lo deberían hacer lo antes posible. El riesgo que sufren, sino tienen una coordinación y una vision única es actuar en silos. Que cada parte de la organización vaya en direcciones opuestas, donde el resultado seria cero (por la suma de vectores, de igual modulo, en direcciones opuesta). Es necesario tener una vision común, una dirección común, y por supuesto, una flexibilidad y autonomía para que cada individuo, o equipo pruebe experimente y trate de avanzar. Ser agil, no significa no tener coordinación ni planificación, al igual que tampoco significa ver trabajar en proyectos de corto plazo. Consiste en aportar valor a mayor rapidez, y ser capaz de escalarlo dentro de la organización.
    Siempre me gusta poner el ejemplo de una banda sinfónica. Podemos tener a los mejores músicos, pero sin una partitura común, y un director que marque os tiempos, el resultado será ruido, y no una preciosa sinfonía. Cada individuo podría llegar a improvisar (como en el jazz), pero siempre que existan unas ¨reglas¨ comunes para hacerlo.
    Estoy totalmente de acuerdo contigo en que la navegación nos puede enseñar mucho, ya que no podemos controlar el viento, pero si ajustar las velas para ir en la dirección que queremos. Tenemos que ser capaces de divertirnos en la singladura, a la vez de progresar. Gracias por tu reflexión, muy valida y certera!

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