Coaching e Inteligencia Emocional en el mundo corporativo (Parte I)

Sobre su autor

Jose Javier Torre, es licenciado en CC. Económicas y certificado como Executive Coach. Es también Facilitador de Lego Serious Play y experto en Inteligencia Emocional. Durante 15 años trabajó en una multinacional del sector de la Tecnología de la Información, pero en 2014 decidió cambiar por completo el rumbo de su vida y su trabajo e iniciar un camino que le ha permitido descubrir su motivaciones más profundas. Actualmente trabaja como executive coach y formador en talleres de competencias personales y profesionales.

 

 

Hablar de coaching y de inteligencia emocional está de moda, sin embargo cuando lanzas la inocente pregunta de qué es el coaching o qué es la inteligencia emocional, puedes obtener respuestas para todos los gustos y muchas de ellas, muy alejadas del significado real de estas disciplinas.

Y si la pregunta la hacemos en un ámbito laboral, en muchos casos obtendremos una respuesta, mezcla de cinismo y escepticismo, que viene a decirnos: “no me vengas con cuentos, que esto no es para mí”. Sin embargo, si comenzamos a indagar qué es lo que hay detrás de estas palabras de moda y para qué sirven, nos haría ver que ambas disciplinas pueden ayudarnos a lograr los objetivos personales o profesionales que nos propongamos.

Quizá lo importante es conocer qué es cada cosa, explicar para qué sirven, y ver cómo me puede ayudar a conseguir determinados objetivos o superar situaciones que me están limitando o bloqueando. Al final del análisis, descubriremos que ambos conceptos se complementan, y nos permiten avanzar en la consecución de logros extraordinarios.

Qué es el coaching y para qué sirve

Hay tantas definiciones de coaching como coaches hay por el mundo, y en todas ellas aparece una idea explicita o implícita: el cambio. El coaching es un proceso de cambio y transformación, que permite un desarrollo personal y profesional de la persona que lo recibe, y que le lleva a un lugar mejor, mejorando el nivel de bienestar de la persona que lo recibe. A mi me gusta definir el coaching, “como un proceso de transformación, donde el coach acompaña a su cliente (denominado coachee), a descubrir una nueva mirada ante algo que le está sucediendo”.

Así pues el coaching sería una potente herramienta para el desarrollo personal y profesional, para desarrollar la capacidad de superación, de eliminar obstáculos y de conseguir resultados. Sólo hay un requisito para poder desarrollar este proceso con éxito: el compromiso del cliente. Es decir, nadie cambia si no quiere cambiar. Por lo tanto, en el fondo el coaching es un asunto de motivación: sólo las personas motivadas harán el esfuerzo necesario para poder hacer emerger lo que permanece oculto en su interior, reforzando sus fortalezas y minimizando sus debilidades.

A partir de aquí, la cuestión está en determinar para qué sirve el coaching, o cuando lo podemos aplicar. Se puede aplicar a personas que tienen objetivos profesionales (promocionarse en una empresa, crear una empresa, conseguir un puesto de trabajo) o personales (conocerse mejor, cambiar creencias, comunicarse mejor, reenfocar su vida); y a personas que quieren desarrollar determinadas habilidades de relación, de gestión, etc. En suma, conseguir objetivos y/o desarrollar habilidades, ya sea en un plano personal o profesional, son los escenarios donde podemos plantear un proceso de coaching.

Otro de los temas que suscita más confusión es qué diferencia existe entre el coaching personal y el ejecutivo. En realidad, los principios y las bases son exactamente los mismos, la diferencia está en los objetivos que se marcan en cada ámbito de actuación, aunque es muy probable que cuando estemos en un proceso de coaching ejecutivo terminemos tratando objetivos personales, porque no hay que olvidar que al final, el coaching se realiza a personas, ya sea en su ámbito profesional o personal, y realmente, es imposible desligar ambos planos.

Así el coaching personal está pensado para personas que necesitan concretar un objetivo o una meta, o están en un proceso de transformación personal y profesional, o están buscando una oportunidad para cambiar, o hay algo que limita algún área de su vida, o necesita encontrar el propósito y sentido a lo que hace, o no se siente feliz, ni disfruta con lo que hace y quiere cambiar.

Mientras que el coaching ejecutivo se utiliza cuando un directivo quiere sentirse más desarrollado en su trabajo, o una organización requiere mayor cohesión entre su equipo, o se necesitan gestionar los cambios en una organización, o una persona necesita desarrollar habilidades de gestión y otras competencias, o un trabajador necesita sentirse más feliz en su trabajo y tener mayor productividad.

En suma, cualquier persona puede necesitar en cualquier momento de su vida la ayuda de un coach, ya sea para reencontrarse, reorientar su carrera profesional, desarrollar ciertas habilidades o gestionar mejor un equipo o una organización.

En mi opinión, y por experiencia propia, primero como coachee y posteriormente como coach, el coaching es un regalo que te haces a ti mismo, y que te lleva a un lugar diferente y mejor, donde pasan cosas, y hay un crecimiento personal y profesional. Ahora bien, en el coaching no hay recetas mágicas, ni el coach te va a dar la solución, eso lo hace el coachee: tú decides cuál es tú receta mágica y cómo aplicarla.

 

 

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