Metiéndonos en un jardín

jardin ingles

“If you put fences around people you get sheep.”

William McKnight

¿Conoces la diferencia que existe entre un jardín francés y un jardín inglés?

El jardín francés surge en el Renacimiento y se caracteriza por un cuidadoso diseño en el que predomina la simetría y el orden, trazado con escuadra y cartabón.

Frente a esa concepción renacentista surgió el jardín inglés, muy influido por las corrientes del Romanticismo, y que trata de integrarse con la naturaleza caracterizándose por permitir el libre desarrollo de la flora y las formas irregulares. Juega habitualmente con la orografía del terreno, tratando de no domesticar demasiado el entorno natural.

A los paisajistas ingleses les resultaba una aberración el forzar la acción de la naturaleza, al mismo tiempo que con su concepción menos intervencionista rechazaban el régimen absoluto de sus vecinos franceses.

Hace poco el economista Jesús Fernández-Villaverde recordaba esta diferencia al referirse a su inclinación hacia que los estados condicionen lo menos posible la libre acción de los agentes económicos, las decisiones individuales, las inversiones de la empresa privada. Él se declaraba partidario de que el estado garantice el cumplimiento de unas mínimas reglas como si se tratara de un jardín inglés, pero no intervenga en demasía como hacían los jardineros franceses.

Llevada esta misma metáfora al terreno del Marketing, a menudo observo cómo los profesionales del Marketing nos obsesionamos con construir verdaderos jardines franceses:

  • Queremos obligar a los clientes a circular por determinados senderos, que experimenten ciertos “customer journeys”.
  • Les pretendemos segmentar en una serie de categorizaciones demográficas.
  • Aspiramos a tutelarles acerca de qué producto consumir o cómo hacerlo.

Sin embargo, tal y como afirma Gonzalo Brujó de Interbrand, estamos metidos de lleno en la “era of you”, del “empoderamiento” del cliente. El cliente no pertenece a nadie y de hecho hace apología de su promiscuidad con las marcas. No se considera miembro de un segmento demográfico sino en todo caso de una tribu con motivaciones comunes.

El cliente quiere participar de una experiencia con nuestras marcas mucho más similar a un paseo por un jardín inglés. Quiere sentir que controla la velocidad a la que se relaciona con nosotros y que transita por el espacio que desea.

Y tú como profesional del Marketing ¿sabes en qué tipo de jardín estás metido?

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