La fuerza está en la comunidad

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Es un secreto a voces que los equipos de marketing están cada vez cogiendo más responsabilidades. Todo lo relacionado con el crecimiento empieza a caer bajo el mismo paraguas, sino lo ha hecho ya. Desde hace mucho tiempo, las tareas clásicas de relaciones públicas, prensa y comunicación, se han visto incrementadas con toda la parte digital, analítica, ventas digitales (ecommerce) incluso un gran peso en tecnología (debido a la gran influencia e importancia de las marctech entre otras).

Pero esto no es lo único que ha cambiado. Al vivir en un mundo más dinámico, más cambiante y donde hay que estar completamente al día con las nuevas tendencias, y pensar cómo podemos avanzar, hace que la forma de trabajar tenga que cambiar. El famoso dogma de que hay que dejar de trabajar en silos es más cierto que nunca. Al igual que lo es que hay que conocer el cliente mucho más afondo, para conseguir personalizar su experiencia de uso, y por lo tanto poder incrementar su compromiso con la marca.

Clientes y empresas tienen que entrar en una comunión, tienen que establecer una relación a largo plazo. Y la clave para conseguirlo es la comunidad.

Clanes, equipos, tribus,..

Seguro que has oido hablar de la famosa transformación de ING (el Banco de paíes bajos) que decidió cambiar su forma de trabajo interno (ver link1 y link2). Fue de las primera empresa que aplico una curiosa estructura multidisciplinar y cross-funcional, que utilizó nuevos términos, mas propios de otros entornos, para nombrar los diferentes equipos o áreas de trabajo. Escuadrones, capítulos o tribus son algunos de los nombres que reciben estas nuevas agrupaciones. Pero todas ellas con el mismo objetivo, conseguir equipos pequeños, con conocimiento y experiencia en diferentes dominios, que puedan crear productos finales completos de forma ¨ágil¨.

Cada integrantes será responsable de un parte fundamental del producto final a crear, pero que solo tendrá sentido cuando se consolide todo. Por lo que, como indica el título, la fuerza está en el comunidad

Sentido de pertenencia

Ahora me gustaría analizarlo desde el punto de vista del cliente. Tenemos el erróneo concepto de que muchos productos se compran por precio, pero esto no es así. El precio será la forma de evaluar finalmente ese producto, pero lo que buscamos es una relación funcionalidad/calidad/precio. Cuántas veces hemos oido lo de lo barato sale caro?

Pero ademas, como clientes cada vez más buscamos algo más que un producto, pensamos en que marca nos está ofreciendo ese producto y que nos inspira o que pensamos de la misma. Marcas con crisis (seguridad, financieras, ecologícas o reputacionales) sufren, independientemente del precio al que se ofrezcan los productos. Y pensemos en algo que podría considerarse en un producto maduro como podría ser una zapatilla deportiva. La influencia de la marca y de la comunidad asociada a la misma nos hará decantar nuestra intención de compra. Las marcas buscan crear comunidades alrededor de los productos. De forma que se amplifique el mensaje, se promociones a base de casos de uso y veamos cómo el producto es utilizado por otros clientes. En la gran mayoría de los casos son atletas profesionales, o semi-profesionales (aquellos que sin resultados de élite si cobran o tienen algún tipo de relación profesional con la marca como pueden ser los embajadores de marca) aquellos que representan a la marca, y hacen esa comunicación al gran público. Todos sabemos que Nadal utiliza Nike, al igual que lo hacía Jordan en su día. Serena Williams es la imagen de Adida, Usain  Bolt la de Puma, y asi podrías seguir enumerando marcas y personajes asociados.

Las marcas buscan varios objetivos, pero principalmente el sentido de pertenencia. Los seres humanos, históricamente hemos tendido a agruparnos, y sentirnos identificados con alguien. Cuando alguien empatiza con nosotros nos sentimos bien, ya que nos sentimos reconocidos, queridos y que nuestras elecciones o gustos coinciden con otros. Algo parecido sucede con los más pequeños de la casa. Cuando ven su serie de dibujos animados o su película preferida, siempre buscan su preferido, aquellos que creen que tienen los mejores superpoderes, y que luego emularan cuando jueguen. ¿No es éste el objetivo que buscan las marcas con las super estrellas deportivas? ¿No queremos todos correr mucho más rápido, tener más potencia en la bici o mayor presición con la raqueta al igual que lo hacen nuestros campeones?

Pero esto va mucho más alla de la simple identificación con una ídolo, se trata de querer ser parte de la comunidad.  Muchas de las marcas están creando sus propias comunidades. La tecnología aporta la infraestructura, pero lo importante es el concepto y el sentimiento. Da igual que sea através de una app, una web o un portal. Los usuarios de Apple pertenecen a su comunidad, donde muestran con orgullo sus productos y se ha convertido en en referente. Las comunidades de corredores compiten con sus tiempos en algunas apps (strava, runtastic, mapmyrun,..). Nespresso fue otra gran reseña, donde los usuarios sentian orgullo del producto, lo recomendaban e intercambiaban opiniones sobre los diferentes sabores del cafe. Pero nada gana a la famosa Termomix, quien las promocionan son los propios clientes, y el canal de venta es tan limitado que solo se puede acceder por alguno de sus clientes. Las marcas de automoción ha creado grupos de usuarios que realizan excursiones los fines de semana, donde además de disfrutar juntos, también se intercambian ideas e exhiben los últimos modelos de las maquinas que han adquirido o ¨tuneado¨sus dueños.

Cualquier marca busca ese efecto en sus clientes. Quieren no solo que los compren si no que esten orgullosos de los mismos, que los muestren, publiciten y promuevan, de forma que se amplifique el mensaje entre sus contactos. No hay mejor vendedor que un cliente contento y convencido.

No es caro, sino falto de valor

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Seguro que conocerás la cadena americana de café Starbucks. Es muy probable que hayas entrado alguna vez y hayas pensado que caros son los cafes, y hayas salido corriendo buscando otro más barato. Pero estoy convencido que también has buscado proactivamente alguno de estos locales para quedar con alguien en alguna otra ocasión. En este segundo caso, el precio no te ha parecido un impedimento. Está claro que cada situación es diferente, y que el precio no lo es todo en las decisiones de compra.

En más de una ocasión en este blog (y en otros tantos de los que seguirás) se ha hablado que el consumidor actual (y sino piensa en ti mismo, al menos es mi caso) no busca un simple producto, sino todo lo que lo acompaña. Podemos decir de alguna forma, que buscamos soluciones a problemas, y el producto es el método para conseguirlo.

Todos los que hayáis estudiado los pilares básicos del marketing, habréis memorizado las famosas 4 P´s, y una de ellas es el precio. Este es uno de los atributos clave a la hora de posicionar un producto, y uno de los factores que el consumidor tiene en la mente durante el proceso de compra. Creo que esto más entendido es peligroso, ya que en muchos casos se malinterpreta que la decisión de compra se hace solamente por el valor numérico que marca la etiqueta, vamos el precio. El proceso de decisión de compra es mucho más complejo, y en él intervienen muchísimos mecanismos del subsconciente, y procesos cerebrales complejos que no vienen ahora al caso. Pero como resumen rápido, se trata de balancear el precio como valor número con el valor que obtenemos.

Pongamos otro ejemplo. Si quieres comprarte un coche, puedes evaluar diferentes marcas, y dentro de vehículos con mismas características, evaluamos el servicio al cliente, el mantenimiento. Al igual que subconscientemente estamos evaluando la imagen de marca basada en las promociones y anuncios visualizadas. La pregunta que nos hacemos es, ¿qué estamos consiguiendo por el precio que vamos a pagar? ¿Vamos a tener ciertas garantías o servicios que nos ayuden a realizar un mejor uso del vehículo a adquirir?

Si volvemos al ejemplo inicial del cafe, todo depende de lo que busquemos. Si queremos quedar a hablar con una amigo o estamos buscando un sitio para conectarnos con nuestro portátil para trabajar, Starbuck nos aporta ese extra con sitios confortables, música ambiente relajada, y un entorno adecuado para el fin. En este caso no nos importa pagar el alto precio del cafe, ya que sabemos los extras que estamos adquiriendo, ese valor añadido que no vamos a conseguir en un bar tradicional.

En un entorno profesional tenemos una experiencia similar. Todos trabajamos o hemos trabajado con agencias, consultoras u otro tipo de colaboraciones. A la hora de evaluar el proyecto, no solo miramos el precio, o no deberíamos hacerlo. Evaluamos la experiencia que nos puedan aportar, el equipo que nos proponen, la metodología de trabajo, fechas de entrega,…Pero no nos limitamos solo al alcance, aunque también lo revisamos, ya que es por lo que se les contrata.

¿Es por lo tanto el precio el factor que nos hace decantarnos por la compra? La respuesta es no, en absoluto. Se trata del valor que ve el cliente en el producto/servicio que va a recibir. Pongamos otro ejemplo. ¿Cúal es el valor de una vivienda de 80 metros cuadrados?. Estaremos de acuerdo que no hay una respuesta única para esta pregunta. Porque cada persona buscamos unas condiciones diferentes, un valor añadido. Para unos estar alejado de la ciudad rodeado de campo puede ser ese valor añadido, para otros estar en el centro de una gran urbe con conexiones inmediatas a todos los transportes públicos y calles comerciales, y para otros buscarán servicios adicionales como la urbanización en la que se encuentre. Un mismo producto, puede venir acompañado de ciertos atributos.

En el mundo del gran consumo estos ejemplos son más complejos, y por ese motivo los grandes diferenciadores estan en la marca. ¿Qué representa la marca?, ¿qué imagen tiene? ¿aporta investigación y desarrollo del producto?, ¿es la experiencia de compra buena? ¿tiene algún otros producto que sea complementario y me aporte un valor diferencial? Y al igual que sucede en el ejemplo de la vivienda, no hay una respuesta única, porque cada uno de nosotros estaremos buscando algo diferente. La personalización que se busca tiene que estar en el caso de uso del producto. Las empresas tienen que aprender a conocernos cómo individuos con expectativas, y no como consumidores con atributos. Este es el gran cambio que debe afrontar el marketing, la experiencia de usuario y las empresas en general. La personalización vendrá muy marcada  por que sentimientos despierta en el lado del consumidor o cliente (ver articulo relacionado publicado aquí anteriormente)

En muchos casos los consumidores nos guiamos simplemente por sensaciones, por sentimientos. Buscamos un producto por lo que ello despierta en nosotros. Puede ser el caso de los viajes, de los hoteles, fragancias, alimentación o ciertos servicios profesionales (en los que necesitamos seguridad, firmeza o delicadeza). ¿Qué tipo de catering contratarías para tu boda, el más barato? y a qué guardería llevarías a tus hijos, a la más barata, o ¿buscas algo más que el precio?

Supongo que cada vez que te plantes la pregunta, ¿es este producto caro? puedas ir un paso más alla del valor puramente económico y valor sentimientos, valor añadido y otros factores implícitos que el cliente puede estar buscando. Y si como profesional te preguntas porque nuestro producto no se vende, y todas las respuestas se tornan al precio, entonces, puede haber un problema de comunicación ya que el cliente puede no ser consciente de todo lo anteriormente mencionado, o posiblemente estemos intentando impactar a una audiencia incorrecta.