El último territorio humano: sobre Velázquez, la IA y un desfile de moda

A los seres humanos no nos gusta por lo general tomar decisiones. Decimos que sí, que queremos elegir siempre que sea posible, pero la realidad nos suele demostrar que preferimos exactamente todo lo contrario: la comodidad de que nos den las cosas hechas, el refugio de la predictibilidad, la rutina y la certidumbre. Y es lógico, porque si conseguimos que un heurístico u otra persona elija por nosotros, minimizamos el gasto energético. Y es que pensar consume cantidades ingentes de energía. Aunque supone solo el 2% del peso medio de una persona adulta, el cerebro consume más del 20% de la energía que generamos (unos 20 watios al día con una dieta de 2.400 kilocalorías).

¿Puede la IA crear Arte?

Crear arte es un proceso en el que debemos tomar decisiones constantemente. A un trazo le sigue otro, una estrofa continúa con la posterior, a un acorde le acompaña el subsecuente.

¿Puede una IA tomar decisiones?. La forma que tenemos de dar instrucciones a una IA es mediante un «prompt», de forma que con unas someras indicaciones, ésta pueda «centrar el tiro». Pero irremediablemente, el modelo tendrá muchos huecos que rellenar en aspectos que no hemos determinado nosotros en nuestras instrucciones iniciales. Y para cubrir esos vacíos, utilizará información de su modelo de entrenamiento. En el caso de aplicaciones artísticas, esos datos vendrán necesariamente de otras obras anteriores. ¿Y qué referentes artísticos elegirá el modelo?. Tal y como funcionan los LLM en la actualidad, aplicará un cálculo estadístico determinando que la referencia en la que inspirarse sea aquella más popular ó más frecuente en su modelo de entrenamiento.

¿Podrá emocionarnos una creación que ha sido generada usando «valores medios» de referencias del pasado? Creo que la IA podrá generar obras que nos encajen fácilmente dentro de los referentes que consideramos familiares, pero difícilmente podrá sorprendernos. Formalmente, estarán muy bien construidas de acuerdo a unos cánones, pero será complicado que lleguen a generarnos emociones nuevas.

El arte es una cadena de «arrepentimientos»

Un creador toma decisiones típicamente de forma secuencial a medida que avanza en el proceso de elaboración de su obra, mientras que para alimentar una IA el prompt hay que proporcionarlo ex-ante. La IA funciona como si una vez liberado el pincel, no hubiera forma de reenfocar su trazo.

Si has visitado el Museo del Prado en Madrid, habrás observado los «arrepentimientos» en los cuadros de Velázquez. Son aquellos trazos iniciales y bocetos que finalmente el pintor ocultó en capas subsecuentes de pintura.

¿Imaginas el arte sin borrones, sin notas al márgen, sin «arrepentimientos»?

Interpolando en un mundo autorreferente

Los modelos actuales son extraordinarios a la hora de interpolar en un campo de conocimiento específico. De este modo, generan resultados realmente coherentes. No es que sean capaces de «entender» el mundo en el que vivimos, pero saben generar datos que encajan como un guante en ese mundo. Además, por una cuestión de diseño, están sesgados según el corpus de conocimiento con el que han sido entrenados.

Como el filósofo Grady Booch nos recuerda, decía Sagan que «la mente humana hace mucho más que predecir«. Es capaz de generar abstracciones, construir teorías sobre el funcionamiento del mundo, y sobre todo, interpretarlo desde el contexto de la propia experiencia, de nuestros objetivos, deseos y sentimientos.

¿Y por que la IA debe reemplazarnos?

La IA no parece que vaya a reemplazar la capacidad creativa de un ser humano en el corto plazo. Pero la pregunta es «¿por qué demonios debería de hacerlo?».

Parecemos obsesionados por predecir cuándo los modelos de lenguaje llegarán a alcanzar la Inteligencia Artificial General (AGI), en vez de enfocarnos en aplicar la IA intensivamente en aquello para lo que ya ha demostrado que es extremadamente útil.

El mundo de la creación es a fecha de hoy, como dice Javier G. Recuenco, «el último santuario humano«.

¿Tecnocenizos o Aceleracionistas?

Como habitualmente nos recuerda César Astudillo, el desarrollo tecnológico no es bueno per sé, pero es ingenuo pensar que se puede parar y poner en pausa por el miedo a potenciales eventos futuros. ¿Qué habría pasado si hubiéramos pausado a Newton, Darwin ó Einstein?

Entre el pesimismo de los tecnocenizos del progreso que creen que la IA nos llevará irremediablemente al desastre y el aceleracionismo tecnológico según el cual la tecnología no es un medio sino un fin y hay que aceptarla sin filtro, hay un término medio mucho más interesante.

Frecuentemente en mi contexto profesional hago a los equipos de Tecnología la pregunta de «¿para qué quieres desarrollar eso?«. Porque no todo lo que se puede hacer técnicamente, debe de ser hecho. Porque debemos empezar desde el primer momento con el impacto en nuestra organización que tendrá aquel desarrollo tecnológico que promovamos.

Necesitamos la «mirada del filósofo», la que se pregunte el «por qué» y el «para qué», poniendo al humano en el centro.

Minotauros ó Centauros

El líder en las organizaciones debe impulsar la adopción tecnológica desde una perspectiva de «Centauro«, donde la toma de decisiones ocurre en la capa humana y la tecnología impulsa con toda su potencia. El liderazgo desde el mero enamoramiento tecnológico con un enfoque de «Minotauro» donde delegamos la cognición al algoritmo y dedicamos al humano a la pura fuerza tractora, lleva irremediablemente al desastre como sociedad.

Siendo responsable de Diseño de Experiencia Cliente en Iberia,siempre nos obsesionaba en el proceso de diseño el dedicar el tiempo suficiente a decidir sobre qué problemas u oportunidades nos estábamos enfocando («design the right things»), antes de zambullirnos de lleno en la ejecución desde la excelencia («design things right»). En esta época de aceleración gracias a la IA, creo que el humano debe dedicar gran parte de su reflexión a asegurarse de diseñar las cosas correctas, y dejar a la IA que una vez decidido qué diseñar y por qué sea ésta la que nos ayude a ejecutarlo de forma correcta.

La emoción de un desfile de moda

Andaba yo en mis pensamientos sobre todos estos asuntos, y dándole vueltas al último informe de Mario Draghi sobre la competitividad en Europa, cuando los amigos de la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología (UDIT) me invitaron al desfile de sus estudiantes del grado de Diseño de Moda en el contexto de la Mercedes Fashion Week.

Ver sobre la pasarela las creaciones de estas jóvenes promesas era emocionante. Pensar que tenemos una generación de chavales explorando «el último santuario humano» en el contexto de la creación, resultaba fascinante.

Según me comentaban, utilizan extensamente la tecnología y la ciencia de materiales para conceptualizar sus diseños. Pero en último lugar, es su muy personal y buen criterio y su ojo para la creación, lo que consigue que nos emocionemos al admirar sus obras.

Mirando al futuro con optimismo

Creo que los que peinamos ya alguna cana tenemos una responsabilidad a la hora de habilitar mecanismos en las organizaciones que lideramos para impulsar una aproximación a la tecnología desde un punto de vista que facilite el florecimiento de lo humano. Pausar de vez en cuando una visión más utilitarista y orientada a la pura eficiencia y replantear si estamos utilizando la tecnología para construir empresas que no solo «interpolen» de forma muy precisa sino que sepan «hiperpolar» como explica el filósofo Toby Ord. Es decir, hacerse preguntas en direcciones que no pueden ser definidas en el contexto de los ejemplos existentes. Explorar territorios y espacios conceptuales en dimensiones no definidas en la realidad existente.

Nunca fue un mejor momento para dedicarse a la gestión del cambio como en tiempos como los actuales. Disfrutemos el viaje.

El camino menos transitado

El poema “The road not taken” de Robert Frost es sencillamente maravilloso.

Nos habla de la libertad de elección, de la incertidumbre y de la bondad de tomar el camino menos transitado. Tiene un marcado tono melancólico, porque reconoce que elegir es renunciar y que no es posible vivir todas las oportunidades que se presentan y que no se han tomado. El poema cuestiona la idea de que nuestras decisiones sean racionales, e incide en el hecho de que es imposible saber a ciencia cierta el resultado de nuestras acciones.

Two roads diverged in a yellow wood,

And sorry I could not travel both

And be one traveler, long I stood

And looked down one as far as I could

To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair,

And having perhaps the better claim,

Because it was grassy and wanted wear;

Though as for that the passing there

Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay

In leaves no step had trodden black.

Oh, I kept the first for another day!

Yet knowing how way leads on to way,

I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh

Somewhere ages and ages hence:

Two roads diverged in a wood, and I—

I took the one less traveled by,

And that has made all the difference.

Pensaba el otro día en este poema al reflexionar sobre el valor que aporta la #IA en procesos creativos, en aquellas ocasiones donde precisamente se persigue caminar por territorios inciertos y caminos poco explorados.

He de reconocer que utilizo muy frecuentemente herramientas de IA para romper el “lienzo en blanco” y “calentar motores”. Es una forma muy efectiva de realizar “estiramientos” mentales y empezar a desperezar neuronas.

Sin embargo, creo que puedo contar con los dedos de una mano las veces que en el último año el uso de la #IA me ha sorprendido sugiriendo un camino radicalmente diferente al que ya transitaba. Si bien en los primeros meses se percibía cierta anarquía y locura en los resultados, los LLMs producen ahora en general resultados “muy aseaditos” pero poco inspiradores, y mi hipótesis es que lo hacen por dos motivos fundamentales:

  • Los grandes modelos de lenguaje no son sino mecanismos estadísticos que juegan con las piezas con las que han sido entrenados. Del mismo modo que un set de LEGO permite variaciones a partir únicamente de las piezas que lo componen, la IA en procesos creativos transita por caminos ya abonados, aplicando probabilidades sobre el conocimiento previamente generado. Y es que cuando se habla del peligro de los «sesgos» en la #IA, frecuentemente se centra el debate en los sesgos de género ó raza. Sin embargo, existen muchas otras derivadas de la limitación del corpus de conocimiento usado en el entrenamiento. En un divertido experimento, se trató de que una IA fuera capaz de desescalar un conflicto en una suerte de “Juegos de guerra”. Sin embargo, según el estudio, los LLM no se mostraron especialmente hábiles buscando consensos, porque la humanidad se ha dedicado a luchar, y no existe abundante literatura sobre cómo resolver rencillas.

  • La IA está optimizada para reducir la pérdida y no para maximizar la ganancia. De esta forma trata de reducir el riesgo y no “romper nada”. De hecho, es evidente que los principales modelos trabajan en el contexto de unos enormes “guardarraíles” que impiden abandonar una ruta que podría llevar a resultados que pudieran causar alarma social, incorrección política ó grandes dilemas morales.

De hecho, para introducir variabilidad y pensamiento lateral al proceso creativo, se necesita al humano. De otro modo, circularemos como esas interminables hileras de hormigas que discurren siguiendo el rastro de feromonas de las que les preceden.

Leía hace poco un estudio que indagaba en la paradoja de la exploración científica. Cuando un grupo numeroso de científicos comparte datos y metodología, aumenta su comprensión sobre el trabajo de sus colegas y su confianza sobre el mismo. Sin embargo, se generan “burbujas epistémicas” derivadas de un pensamiento grupal que penaliza sobremanera la exploración de territorios de conocimiento adyacentes. La IA trabaja de forma parecida, promoviendo una suerte de “endogamia creativa”.

Escuchaba hoy el podcast de Jaime Rodríguez de Santiago : «vivimos en la mediocridad» y no paraba de pensar que la tecnología y los algoritmos no han hecho sino promover “la media” y el encaje en una cierta distribución estadística, evitando las “colas”.

Sin embargo, para el desarrollo de procesos creativos, debemos apostar por ser “centauros” cabalgando a lomos de inteligencias artificiales y no autómatas sometidos a ellas. El día que nos demos cuenta de que esto no va de «sustituir por» IA sino de «acompañar con» IA, habremos avanzado muchísimo.

De momento, la capacidad de conectar ideas aparentemente no relacionadas, de crear categorías o conceptos no basados en nada anteriormente desarrollado, parece ser territorio intrínsecamente del hombre, ó como dice Javier G. Recuenco, “santuarios humanos”.

Disfrutemos del camino de la #IA, y abandonémonos al menos transitado.